El Megapuerto de Chancay representa uno de los proyectos de infraestructura más importantes desarrollados en el Perú durante las últimas décadas. Desde el inicio oficial de sus operaciones comerciales, el terminal portuario ha comenzado a transformar la dinámica del comercio exterior peruano y a fortalecer la conexión entre Sudamérica y Asia, especialmente con China, principal socio comercial del país.
Más allá de la expectativa que generó su inauguración, hoy la atención se centra en evaluar sus primeros resultados y en determinar si el proyecto podrá cumplir la promesa de convertir al Perú en un centro logístico estratégico para la región.
Primeros resultados que muestran un impacto positivo
Tras concluir su etapa de pruebas iniciada en noviembre de 2024, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) otorgó en junio de 2025 la licencia oficial para el inicio de las operaciones comerciales del terminal. Durante ese periodo de comisionamiento, el puerto movilizó aproximadamente 80 mil contenedores (TEU), 400 mil toneladas de carga a granel —principalmente maíz— y cerca de 3 mil vehículos, además de atender alrededor de 90 embarcaciones internacionales provenientes o con destino a China, México, Chile, Colombia, Ecuador y Panamá.
Estas cifras reflejan una rápida incorporación del terminal a las rutas comerciales del Pacífico y evidencian el interés del sector exportador e importador por aprovechar una infraestructura diseñada para recibir buques de gran capacidad y reducir los tiempos logísticos.
Uno de los beneficios más destacados es precisamente la disminución del tiempo de transporte marítimo hacia Asia. Según el MTC, el trayecto puede reducirse de aproximadamente 35 a 25 días, lo que representa menores costos logísticos y una mejora en la competitividad de los productos peruanos en mercados internacionales.
Una oportunidad para fortalecer las exportaciones
El Megapuerto de Chancay no solo beneficia a los grandes exportadores. Sectores como la agroindustria, la minería, la pesca y la manufactura podrían aprovechar una conexión más eficiente con los mercados asiáticos.
Productos como uvas, arándanos, paltas, cítricos, cobre, harina de pescado y otros bienes de exportación podrían llegar con mayor rapidez a sus destinos, reduciendo tiempos de entrega y costos asociados al transporte marítimo.
Además, especialistas consideran que el puerto tiene el potencial de convertir al Perú en una plataforma logística para mercancías provenientes de otros países sudamericanos, consolidando un corredor comercial hacia Asia y fortaleciendo la integración regional.
El impacto económico esperado
Las proyecciones oficiales muestran un panorama optimista. Durante la entrega de la licencia de operaciones, la Presidencia de la República señaló que la actividad económica generada por el terminal podría aportar alrededor de US$ 4.500 millones al Producto Bruto Interno (PBI), equivalente a aproximadamente 1,8 puntos porcentuales de crecimiento, además de generar cerca de 7.000 puestos de trabajo directos e indirectos.
A ello se suma la inversión ejecutada en la primera etapa del proyecto, que supera los US$ 1.400 millones, con una proyección de inversiones superiores a US$ 4.000 millones conforme avance el desarrollo integral del complejo portuario.
Si estas proyecciones se consolidan, el Megapuerto de Chancay podría convertirse en uno de los principales motores del crecimiento económico peruano durante los próximos años.
Los desafíos que aún enfrenta el proyecto
No obstante, la infraestructura portuaria por sí sola no garantiza el éxito.
Uno de los principales retos consiste en mejorar la conectividad terrestre entre Chancay, Lima y el resto del país. Carreteras, vías de acceso y futuros proyectos ferroviarios serán determinantes para que la carga pueda movilizarse de forma eficiente desde los centros de producción hacia el puerto.
Asimismo, diversos especialistas coinciden en que será necesario impulsar zonas económicas especiales, parques industriales y centros logísticos que permitan agregar valor a las exportaciones, atraer nuevas inversiones y desarrollar cadenas productivas alrededor del terminal.
Otro desafío importante está relacionado con el crecimiento urbano del distrito de Chancay. El incremento de la actividad económica demandará inversiones en vivienda, transporte, servicios públicos, salud, educación y planificación territorial para evitar problemas derivados del rápido crecimiento poblacional.
Competitividad y sostenibilidad
El desarrollo del Megapuerto también plantea retos regulatorios y ambientales.
Diversos análisis han señalado la importancia de mantener reglas claras para la operación portuaria, garantizar condiciones de competencia y fortalecer la supervisión de los servicios logísticos. Paralelamente, expertos han advertido sobre la necesidad de continuar evaluando los impactos ambientales y sociales del proyecto, asegurando que su crecimiento sea compatible con el desarrollo sostenible de la zona.
El equilibrio entre inversión, competitividad y sostenibilidad será clave para consolidar la confianza de inversionistas nacionales e internacionales.
Una oportunidad que va más allá del comercio
El Megapuerto de Chancay no solo representa una infraestructura para mover mercancías. También puede convertirse en un catalizador para atraer nuevas industrias, promover la innovación logística, impulsar la transformación digital del comercio exterior y fortalecer la posición del Perú dentro de las cadenas globales de suministro.
Sin embargo, para aprovechar plenamente esta oportunidad será necesario complementar la inversión portuaria con políticas públicas que favorezcan la competitividad, mejoren la infraestructura nacional y promuevan un entorno favorable para los negocios.
Más que una obra de ingeniería, Chancay representa una apuesta por redefinir el papel del Perú en el comercio internacional. Sus primeros resultados muestran un escenario prometedor, pero el verdadero éxito dependerá de la capacidad del país para convertir esta ventaja logística en un motor sostenible de desarrollo económico y generación de empleo.